EL NOMBRE MAMÁ (poema de Isabel Ascensión M. Miralles)

EL NOMBRE MAMÁ

Se aprende a pronunciar su nombre

en los primeros meses de la vida,

cual si el aire y la luz lo contuvieran

en su etérea fragancia necesaria.

El agua, la salud, el movimiento,

el rapto de los ojos, la esperanza: todo es ella.

En su nombre cabe, mamá, lo imprescindible,

lo que forma parte inmediata del consuelo

que sus manos de ofrenda precipitan

en límpida cascada de bienvenidas

absolutas, profunda la raíz de su agua clara.

El nombre mamá llena la boca,

como una hogaza de pan, siempre dispuesta

a saciar con su entraña el hambre de los hijos,

el hambre física, el hambre de justicia,

el hambre de calor y de sentido.

El nombre mamá llena los ojos y las manos

con racimos de luz y abrazos soleados.

Siempre te guarda un sitio

en la cita diaria con la vida

y aunque se vaya, es el destino,

su nombre no se borra en la memoria.

Vive más adentro y es más grande

porque quema a raudales de luz

que, paulatinamente, revela  su misterio,

la incomprensible acción que ahora comprendes

y que antaño, locura la juzgaras.

Si ya no está, su nombre tiembla en tu garganta

como la gota de lluvia en cada hoja

y en ese temblor te reconoces hijo,

hijo por siempre de su eterna esencia,

de su nombre, mamá, como al principio.

(Poema de Isabel Ascensión M. Miralles extraído de su libro “Concha de luz”)

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