Esos sabios llamados animales

Desde que tengo uso de razón siempre ha habido un animal amigo cerca

En la mayor parte de los casos se trataba de un perro,  pero también ha habido algún que otro gato, un pájaro,  una tortuga,una lechuza, un conejo indiano y hasta un choto.

Cito a estos y he omitido  gallinas ,pavos y conejos, que también han estado presentes en mi vida, por ser los primeros los que me han aportado experiencias más significativas, llegando a entrecruzarse estas en el laberíntico conglomerado del bagaje emocional, ese que nos confiere cierta singularidad ante los procesos que intervienen en la percepción del mundo.

Sin embargo, no cabe desechar a los segundos, pues, aunque de forma indirecta o meramente acomodaticia, su doméstica entidad comunitaria, sirvió para procurar divertidas anécdotas, cuando no, de base a verdaderas intrigas.

Aún recuerdo,  como si de ayer mismo se tratase, los ojos delirantes de Chuspi, el perro amarillo  de mi infancia, cuando, en secreto, le daba a comer los huevos de las gallinas que mi madre criaba con esmero.

Claro, que pronto llegó el día en que la escuché decir que esas gallinas no ponían y había que darles pasaporte.

Chuspi y yo nos miramos con complicidad y decidimos arreglar el asunto para evitar males mayores.

Cada uno de los animales de mi vida me ha aportado algo único y es de bien nacidos ser agradecidos.

Ellos también han sido y son maestros. Su paciencia y  capacidad de observación, de sorpresa, de ternura,  su complicidad, su intuición,  su disposición para el juego y la alegría…

Definitivamente, pienso que ni el mundo,ni nosotros,  seríamos los mismos sin esos animales que nos han acompañado y enseñado a lo largo de nuestras vidas. En ellos también reside buena parte de la sabiduría universal, aquella que conecta con lo natural, con lo más puro y auténtico.

No sería mala idea tenerlo en cuenta en estos tiempos tan propicios a la amnesia.

Hoy quiero agradecer la compañía de esos sabios llamados animales, que tanto nos ayudan a entender la vida, a pesar de sus, en ocasiones,  inoportunos desmanes.y travesuras.

A veces, incluso,  detrás de sus acciones se esconde un mensaje para el alma, tal vez un desafío. Quién sabe, si una revelación.

Aprender a escucharlos, a mirarlos con atención es afinar sutiles resortes que nos conectan con nosotros mismos,  con la vida y el universo.

Isabel A. M. Miralles

 

 

 

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