Que nada nos pare?

Existe una prisa generalizada en nuestra sociedad que nos impele a correr, muchas veces, sin saber ni hacia dónde ni por qué.

Al mismo tiempo, la filosofía del poder extiende sus garras más allá de lo político y lo económico, adentrándose en ese terreno que casi siempre nos plantea alguna duda al mencionarlo,  pues no se sabe si llamarlo espiritual, personal,íntimo,metafísico. sagrado. ..

Sea como fuere, el caso es que se nos anima y hasta se nos azuza a no parar, pase lo que pase. Y para ello vale cualquier motivo: desde porque sí, hasta aunque solo sea por fastidiar, pasando por el consabido porque tú lo vales o el trasnochado y burgués ” no vayan a pensar…”

Pero resulta que a veces es bueno parar y contemplar con calma el paisaje, el de fuera y el de dentro. Contemplar y ver cómo el camino perpetúa su trazo más allá de nuestra vista y de nuestros propios pasos.

Es en ese pararse cuando puede apreciarse la verdadera dimensión de las acciones, las palabras e intenciones, que aun reconociéndolas buenas, no siempre escogieron el mejor cauce.

Tanto de lo propio, como de lo ajeno,  que, al fin, vienen a ser la misma cosa, el aprendizaje destilado de la experiencia, ahora tamizada en el sosiego, nos permite vislumbrar un nuevo panorama,cuyo resplandor,acaso se asemeje al destello, casi imperceptible,  pero cierto, que alberga  la mirada del sabio.

Como el que otea el horizonte desde lo alto, para adquirir mayor perspectiva del paisaje, salirse del tumulto,  del bullicio,  del vertiginoso y voraz torbellino de estímulos y acontecimientos que nos circundan, nos permite, entre otras cosas, descubrir quienes son los verdaderos amigos,aquellos que no dudaron de tu valor, ni siquiera cuando tú lo hacías. Aquellos que, por encima del insustancial “bien queda”, siguen, en esencia,  siendo auténticamente amigos.

Aunque solo fuera por eso,merecería la pena pararse de vez en cuando y sentir la verdad que siempre distinguió al que daba el trigo del que solamente predicaba.

 

Esta entrada fue publicada en Reflexiones. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *